Porque “El
Psicoanalista” no es solo el libro más vendido del autor
estadounidense, sino el idóneo para empezar a leer su obra.
Frederick Starks es
un psicoanalista de 53 años, vive solo desde la muerte de su esposa
y lleva una vida rutinaria en la que solo se dedica a ejercer su
profesión. Una tarde recibe una carta de un desconocido que le
pondrá el mundo de cabeza, es alguien que afirma que aunque la
poesía no es su fuerte,“el odio sí”. Quiere venganza pero no lo
matará porque sería demasiado fácil, así que el mismo doctor
tendría que suicidarse, de lo contrario habría consecuencias
devastadoras para terceros.
El libro, divido en
tres partes, no da tregua alguna desde su comienzo ya que nos basta
con una breve introducción de la aburrida vida del protagonista,
para dar paso al shock que produce esa extensa carta en la que el
“villano” establece las reglas del juego. Bajo el apodo de
Rumplestiltskin (como el duendecillo de los hermanos Grimm) el
desconocido le pide que averigüe su identidad en 15 días y solo así
se zafará de su destino.
Como buen thriller
psicológico, El Psicoanalista te empapa de las mismas emociones que
su narrador, en este caso el personaje de Ricky; de la incredulidad
se pasa a la ansiedad en una primera parte que revela más
información de la esperada. Ya en la segunda, no podemos evitar
sentirnos igual de frustrados que el doctor, quien ha pasado de ser
el objetivo de la venganza para convertirse en un vengador más. Y
finalmente, en la tercera parte, cuando comprende que debe dejar
atrás la pasividad de su profesión es cuando se disfruta la lectura
desde una perspectiva diferente ya que si bien aún no conocemos a
Rumplestiltskin, el propio Ricky está muy decidido a jugar sus
cartas y todo eso hace que el clímax (eso sí, muy hollywoodense)
nos lleve a clavarle las uñas al libro en más de una ocasión.
Para remarcar, las
rimas de ambos personajes durante el juego que ambos instauraron. Esta es mi favorita:
Sabe
quién era, no quién soy.
Por
eso está en un lío hoy.
Ricky
se fue; murió en el mar.
Y
yo su sitio vine a ocupar.
Como
Lázaro me he levantado,
y
ahora le toca morir a otro pringado.
Otro
juego, señor R, en un viejo lugar,
y
cara a cara nos vamos a enfrentar.
Veremos
a favor de quién está la suerte,
porque
hasta los malos poetas aman la muerte.

Este libro hizo estragos con mis nervios, te atrapa desde el principio y llegas a su final con la boca seca y un par de uñas menos. Me encanta! ;)
ResponderEliminarReina, me toca pasar por el tuyo. Siendo sincero, la forma que relataste El Psicoanalista me dieron ganas de leerlo. Muy fresca la forma en que escribes. El banner y el nombre del blog les doy un A+
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